Presencia inquietante, Remedios Varo

Ya en mi nuevo hogar aparece una mañana un desconocido de traje blanco caminando entre mis murallas. Esas que hice para que nadie más me tocara. No quiero más el Amor del Mundo tan falso y lleno de mentiras. Pero él entró mientras cerraba de nuevo con llave y candados y en silencio recorría mis habitaciones y los corredores. En realidad, se poco de él. Mantiene siempre su distancia. Lo siento a veces cerca, a veces lejos. Yo busco al invasor armada, casi cazándolo, como una pantera en busca de un enorme felino. Endulza mi oído y deseo creerle, pero a medida que más se acerca voy descubriendo su verdadera naturaleza. Detrás de mí está el Ártico, el pantano de la tristeza, el mar de mentiras… y me pregunto, ¿qué vendrá ahora? Su voz rebota por las paredes, intento seguirle y para poder verlo hay que esperar a que él se quiera dejar ver. Sus ausencias son… distintas, saben a… Rojo Mundo. Lo que él no sabe es que llevo años en el… y ya no es tan fácil.

Alguien más habita mis murallas. Él está dentro y me enferma. No soporto la forma en que adivina cada movimiento que hago. Soy un fantasma que camina sola. Alguien que por años aguanto hambre y frio. Estoy ya en los huesos, pero soy madre que protege su hogar y su pequeño como leona herida. Y llevo una marca que no me permitirá equivocarme de nuevo. Mientras le busco por las ruinas de lo que fue mi antiguo ser pienso si en realidad algún día sabré lo que es alimentarse, nutrirse, levantarse sin que todo el cuerpo duela; algún día sabré lo que significa dejar de sangrar.

Había tantos jardines en mi ser, tantos paisajes vivos, tanta luz… pero la nada lo ha ido consumiendo todo. Lo sigo y encuentro el agujero por el que entro. Cierro la muralla y me pongo a salvo mientras cae la lluvia, que no es más que la evidencia de mi tristeza… No hay persona que conozca mi lenguaje y como en este caso, intento descifrarlo una persona que no es confiable. Aprendí a leer la forma en que se mueve él en su Mundo y consigue lo que quiere manipulando a los demás. Que hábil. El que me tarde en confiar me salva la Vida. Me había vuelto como un animal salvaje comiendo de la basura, un animal que apenas sobrevive. Entendí que en el Rojo Mundo no puedo hacer más que solo esperar.  Y así él se convierte en el último hombre gris que conozco.

Al sacarlo de mi Vida mantengo mi promesa que esta tallada en mi piel. No habrá otro. Su lugar no lo intentaré llenar con nadie más.

Siento que necesito volver a casa. A mi Océano.

Todo se convierte en un eterno esperar… una palabra… un minuto…  un momento… y mientras tanto le robo a la nada pedazos de mi ser al tiempo que ella susurra como el Mundo es Rojo Mundo y los hombres, solo son hombres grises hechos de piedra y olvido, de mentiras y sinsabores, de crueldad y orgullo. Hombres grises llenos de tiempos perdidos y eternas esperas.  Me siento cansada de perseguir fantasmas, de perseguir susurros, de perseguir ilusiones. Me siento cansada de hablar y dar la vuelta y descubrir que ya no están allí, que hablo sola con el Eco que rebota en las paredes en un lenguaje ya olvidado. Pero por alguna razón siento cierta paz. Hace años no la sentía. Ya no huyo… Ya no me persigue el Señor del Ártico y deje atrás a los hombres grises. Solo siento este Amor tan profundo y huele a Océano, Huele a Él. Me siento en la oscuridad de mi hogar al fin tranquila y tan solo con una vela

Cruzando el templo, ©Ma. Carolina Gutiérrez

encendida ruego al Universo que lo cubra y lo proteja. Lo Amo profunda e intensamente y con ello al fin mi corazón está en paz.

Mientras tanto Mi pequeño poco a poco aprende mi lenguaje, descubre la sonrisa en la Luna y las sombras tras las puertas. Conoce a los dioses del bosque detrás de la niebla, aquello lobos enormes que batallan junto a los Jabalíes contra el Rojo Mundo que todo lo destruye. Aprende a verlos en las mañanas cuando la Niebla consume la montaña que vemos por la ventana. Le enseño a leer el cielo nocturno para que no pierda su camino y encuentre siempre su Norte. Y mientras le enseño, en las noches cuando no duermo le pregunto al Universo si en realidad habrá alguien más allí para escuchar. Ya no le tengo miedo al Ártico. Ya no le tengo miedo al frio. He vivido entre El muchos años como para temerle. Es mejor eso que vivir entre mentiras. Camino de regreso y allí están todos… los mares, los pantanos, todo. Pero lucen diferentes y yo soy diferente. Salí del Ártico, caí en el Rojo Mundo y salí de el pero ahora estoy marcada y es una marca que llevo con orgullo.

Un día a mi hijo le preguntaron qué era lo que su Mamá más Amaba. Y él respondió: -El arte y a mí- (y en ese orden según él). Detrás de esa respuesta que el dio esta media verdad. La única forma de vivir MI vida es no olvidando aquello que Amo. No importa que tan lejos de casa llegue a estar. Si mantengo Mi Norte de alguna manera podre volver.