SONETO XXVII de William Shakespeare

Agobiado de fatiga, me apresuro a ir al lecho, dulce reposo de los miembros fatigados por la marcha; pero acto seguido comienza un viraje en mi cabeza que hace laborar mi espíritu, cuando termina el trabajo del cuerpo.

 Porque entonces mis Pensamientos – lejos de mi morada – emprenden hacia Ti un fervorosa Peregrinación, y obligan a mis pupilas a mantenerse totalmente abiertas, contemplando esa oscuridad que ven los ciegos.

 Sólo que la Visión imaginaria de mi Alma presenta a mis ojos sin vista Tu Sombra, que, como una joya suspendida en la Noche siniestra, embellece las lóbregas tinieblas y rejuvenece su antiguo semblante.

 Y ve: de Día mis miembros, de Noche mi Alma, no hay punto de reposo Gracias a Ti y Gracias a Mí.

Dedicado a mi Amado Pulsar.
Miércoles 18 de Julio de 2001