Son las 4:30 de la tarde. Desde mi taller (que está situado en un segundo piso) puedo ver el cielo. Esta despejado y es absolutamente hermoso. El Sol que entra por las ventanas, se siente como una caricia bajo la ropa. La Universidad vibra nuevamente. Hay muchas personas pasando frente a mi ventana. Desde aquí puedo verlas sin que ellas se percaten de mi presencia. Son muy pocas las que alzan la mirada.

Mi taller es un sitio privilegiado. Puedo ver la lluvia caer sobre gente cuando llueve, ver como el atardecer cubre todo de rojo, las montañas y escucho los árboles que hay alrededor del edificio. Es el sitio y la hora perfecta para cerrar los ojos e imaginar que te abrazo.

Son las 7:40 p.m. y acabo de llegar a mi casa. Un día más ha terminado para mí.  Mi corazón y mis pensamientos serán tuyos hasta mañana, cuando la Universidad reclame nuevamente mi atención. Yo también extraño tu cuerpo, extraño el palpitar de tu corazón, extraño el verte dormir sobre mi cama, tus manos. . . sobre todo tus manos.

Mañana cuando comience mi día, tú serás mi primer pensamiento, como ha sido los últimos años, y como si se tratara de un ritual, cerrare los ojos y te diré: “hoy te amo un poco más que ayer”.

Te Amo Profundamente a través del Tiempo y la distancia.