se, The Enchanted Garden, c. 1916

Si partimos del hecho que los altos ideales no se consiguen con ruines métodos, entonces podríamos decir, que la invasión a la privacidad no se justifica sin importar las razones que tengamos para ello.

Algunos olvidan que la violación a la intimidad y privacidad de la pareja se castiga hasta con 3 años de cárcel. Algunos consideran la invasión como un derecho ganado por un vínculo matrimonial. Pero están equivocados.  La invasión, aun a su propia pareja no es más que eso… un acto ilegal. Muchos tendrán como defensa las infidelidades, los silencios o el desconocimiento del ser con quien se convive. Y en otros casos solo será la clara muestra de una mente insegura que caza fantasmas hasta con su propia sombra.

Sin importar las razones para llegar a la violación de la privacidad, sigue siendo un ruin método que solo deja ver en quien lo hace, la falta de moral, honestidad y claramente sus acciones hablan más de ellos que de sus parejas. Aun así, tenemos que soportar que revisen nuestros mensajes de texto, llamadas, Facebook y otros medios de comunicación en un intento por descubrir o encontrar aquello que desean ver… algo que les deje ver lo “ruines que son los demás”, pero quien invade… sin duda no lo es.

La invasión a mi privacidad duro 5 años. Y algunos se preguntarán la razón por la que duro tanto… la respuesta es simple. La invasión se tomó como un DERECHO que nadie concedió. No hubo un mutuo acuerdo para ello, simplemente se hizo. Y ¿cómo decir que no si el exigir respeto levantaba dudas? Tuve que soportarlo. Con el tiempo llego a ser hasta descarado. Revisaba el celular en frente de mí.  Y aunque nunca lo vi leyendo mis bitácoras, sé que hurtaba mis textos. De esa manera supo cosas que no estaba dispuesta a compartir con nadie más. La esencia de mis jardines secretos. Aquella parte de mí que como ser humano tengo derecho, incluso como parte de una inteligencia emocional saludable.

Años después y luego de vivir esta situación, que desde mi punto de vista fue el primer paso para el fin de la relación, aun existiendo la posibilidad de arreglar los errores con ayuda profesional… ese tipo de acciones cierran la puerta ya que ataca de frente la confianza. Y la confianza perdida NO SE RECUPERA. Ese es el sentido de mis palabras sobre la fidelidad, cuando hablo de: “miradas que tienen mucho que esconder, palabras llenas de sinsabor, caricias que intentan tan solo distraer para que las dudas se dispersen en el vacío de la habitación y colocan el enojo como el sistema de defensa ante los cuestionamientos, las dudas… y las preguntas sin respuesta.”

Recuerdo la sensación al verlo a los ojos aun conociendo lo que hacía, y luego preguntarme: “¿Cómo hace para mirarme a los ojos?” Es una respuesta que no tengo aún. ¿Cómo puede dormir conmigo y decirme que me quiere o me ama cuando me invade y viola mis derechos a la privacidad e intimidad como ser humano? Eso no es Amor.

Es indispensable que cada persona tenga sus jardines secretos. Tener la oportunidad de enriquecer su interior con aquello que solo es visible ante sus ojos. Un lugar de silencios o cantos desafinados, de cartas sin enviar, amores platónicos que no hacen daño a nadie. Desde mi punto de vista me resulta irresistible saber que hay jardines en aquel al que miro a los ojos. Jardines que nunca veré, pero de una forma u otra se revelan en sus acciones. Es como escuchar a los delfines hablar entre sí y maravillarte de su lenguaje, aunque no entiendas ni uno solo de sus sonidos.  Es como escuchar los arboles conversar entre ellos, que no es igual a cuando nos susurran al oído. Es distinto.

¿Acaso tener pareja es sinónimo de absorberlo hasta hacerlo desaparecer como individuo? Es asfixiante. Lo viví y me ahogué. Llega un punto en el que no soportas más la invasión y solo deseas huir, correr, alejarte lo más lejos posible, como si intentaras soltarte de los tentáculos de un pulpo gigante. Llega un punto en el que el “invadido” EXPLOTA.

Es necesario un equilibrio. Todos necesitamos que nos permitan ser, aún en nuestra soledad. Si queremos invitar a ver los jardines, no es para que se queden requisando cada rincón. Es solo para que sepan de su existencia y nos permitan estar solos de nuevo.  Los jardines secretos deberían ser lugares que defendamos incluso a costa de nuestras vidas, los propios y los de aquellos a quienes amamos. El principio del Amor es el respeto. Respeto a nuestras soledades, nuestros secretos, la intimidad de cada ser humano como un derecho fundamental, el DERECHO A LA PRIVACIDAD.

Los jardines secretos son inviolables. No existe razón válida alguna para permitirlo o hacerlo.  Eso no es Amor. Y es triste, pero, aunque sea ilegal, es una práctica socialmente aceptada, siempre justificada. Y sí, claro… los ruines métodos justifican los altos ideales, la ética y la moral (aunque esta sea una doble moral).

La invasión pertenece al rojo mundo… a los hombres grises. Y por esa razón no tiene un lugar en mi vida.